01/06/06

"trabajando" no es un gerundio, es un jodiendo

Ayer entregué, por fin, un trabajo para un conocidísimo anunciante (que no digo quien es, no sea que lo conozcas). Y me pasó una cosa parecida que ya había vivido hace algunos años.

Trabajé como creativo en Madrid en una agencia no muy conocida (pero que no digo cuál es, no sea que la conozcas). Mi jefe era un poco... como lo digo... ¿tarugo? Nunca entendí qué hacía ese hombre dedicado a la publicidad, porque era cualquier cosa menos creativo. Hasta si hubiera sido funcionario, habría resultado el más gris de toda la Administración Pública. El caso es que tomando como norma el "riesgo cero" se había forjado incomprensiblemente una carrera como creativo. Lo del "riesgo cero" es que repetía una y otra vez la misma fórmula en todos los trabajos y lo que en algún caso podría ser un sello personal, en el caso de mi ex-jefe era una autoplagio y repetición hasta la extenuación.

El caso es que el buen hombre nos exigía a todos "mucha creatividad", pero al final desechaba todo lo que le presentabas porque "no era lo bastante creativo" y optaba por repetir una vez más lo que venía haciendo desde hacía 20 años porque los creativos de la agencia "no dábamos la talla". Yo, lejos de irritarme o de sentirme herido, seguí haciendo mi trabajo con ganas y con toda la ilusión del mundo, aunque supiera de antemano cómo acabaría la historia.

Todo fue más o menos bien hasta que pasó algo. La gota que colmó mi pozo (he dicho bien) de la paciencia fue el día que presenté uno de los mejores trabajos que había hecho hasta la fecha. Encajaba perfectamente con lo que pedía el cliente. Recibí felicitaciones de todos mis compañeros y de algunos amigos, que es algo que me da un corte tremendo y que procuro evitar a toda costa. Pero quedaba la prueba de fuego: presentarlo al jefe. Entré en su despacho algo nervioso porque no sabía por donde iba a salir. El caso es que miró por enciama los bocetos que la directora de arte se había currado durante 2 días. "Esto no vale. ¿No ves que este tipo de fotos no podemos colocarlos? Además, el cliente quiere algo más creativo, no esto... Prepara otra cosa para mañana y que sea buena de verdad". Mi compañera se puso a llorar en cuanto salimos del despacho porque era así con todo y le tiraba siempre su trabajo por tierra. Yo, sin embargo, respiraba tranquilo.

La  directora de arte, secándose las lágrimas, me preguntó cómo es que estaba bien. "Te voy a demostrar que este tío es un capullo y no tiene ni idea", le dije. Dicho y hecho. Cogí una idea que se había hecho el mismo cliente para el mismo producto, pero en Suecia. El anuncio había ganado un León de Plata en Cannes y se lo presentamos casi sin cambiar una coma.

Dicho y hecho. Al día siguiente nos presentamos en su despacho con la copia "sueca". El jefe mira, remira (ella me mira: "ay, que nos ha descubierto"). Finalmente, dice esto: "No tengo nada que hacer con vosotros. Esto ni es creativo, ni es nada. Ya tendré que arreglarlo yo, como siempre". Guiñé a mi compañera y salimos del despacho muertos de risa. El jefe no entendía nada. O más bien, seguía sin entender nada.